En 1947, cuando Rómulo Gallegos era
el Presidente de la República y Caracas tenía aproximadamente
500 mil habitantes, se inició la construcción de
la avenida Bolívar, a cargo de una Compañía
Anónima cuyos accionistas eran la Municipalidad del Distrito
Federal, la Corporación Venezolana de Fomento y el Banco
Obrero.
La avenida Bolívar se planificó no
solamente para construir una gran vía troncal que abriera
un ancho cauce al tráfico de la ciudad, sino también
para realizar una gran obra capaz de modificar la fisonomía
urbana de la capital. El costo original de la obra fue de
230 millones de bolívares.
La construcción de El Silencio(1942-1945)
y del Centro Simón Bolívar a partir de 1949, terminaron
de formar junto a la Avenida Bolívar el rostro inacabado
de la Caracas de mediados del siglo XX.
El largo trayecto de sus dos kilómetros
sirve de enlace entre dos puntos importantes de la ciudad
moderna: el parque El Calvario y el Parque Los Caobos, estableciéndose
así una apropiación del paisaje escenográfico
donde se fija la atención de una intensa actividad cívica,
cultural y comercial.
El eje del Centro Simón Bolívar, concebido
por Maurice Rotival hacia finales de los años treinta
como un polo de desarrollo urbano fundacional de la Caracas
moderna, se ha venido a menos durante los últimos 30
años junto a todo el casco central.
El sueño de la monumentalidad que se iniciaba
en El Calvario y aquel sueño totémico de instaurar
una institucionalidad de dimensiones descomunales se
rindieron a la desidia. El deterioro se hace cada día
más patético: un Palacio de Justicia, proyectado
por Carlos Gómez en los 80, jamás concluido; un
Paseo Vargas devenido en territorio baldío; un casco
histórico devaluado y una actividad económica deprimida.
Texto y montaje: Ysabel
Meléndez