JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
Cuando ya el Real Madrid parecía definitivamente incapaz
de romper el empate, cuando volvía a ser el equipo lento
y atascado de siempre después de un primer tiempo maravilloso,
apareció un canterano llamado Roberto Soldado que subió
esta temporada y quien no suele tener muchas ocasiones en
el equipo de Ronaldo, Baptista y Raúl para dar una victoria
que para los merengues vale oro, la primera de esta Liga de
Campeones.
Apenas arrancó el partido, el Real Madrid fue un vendaval
y el Olympiakos una paja en el viento. Cuando Raúl
puso adelante a su club en el minuto nueve con su gol cincuenta
en la competición (con lo que supera a Alfredo Di Stefano
como el máximo anotador) ya Baptista había tenido
dos veces en sus pies la oportunidad de irse arriba. Al
contrario de lo que le ocurre siempre, esta vez los merengues
jugaron muy bien pero les faltó pegada para sentenciar
un encuentro que en los primeros cuarenta y cinco minutos
dominaron como les dio la gana.
El equipo parecía otro, uno digno de todos esos
nombres que tiene en su plantilla: rápido, fluido,
ordenado. Sobre todo rápido. Una velocidad que no
se le veía hace mucho tiempo, al menos no desde que
los entrena Luxemburgo. Beckham (el mejor por los blancos)
se cansó se servir centros y corners y el arquero
Nikopolidis de salvar una y otra vez a un perplejo Olympiakos.
El Madrid era muy pero que muy superior pero increíblemente
no lograba hacer el segundo gol de la tranquilidad.
Perdonaba Robinho, fallaba Baptista, paraba Nikopolidis...
hasta tres corners seguidos cobraron al final del primer
tiempo y el marcador seguía 10 aunque lo justo
hubiera sido una goleada.
Y con una ventaja tan escueta puede pasar cualquier
cosa. Los merengues estaban a merced de que los griegos
lograran algún empate milagroso con esos tiros
largos que tanto ensayaban el brasileño Rivaldo
y Kafes, la única opción de ataque del Olympiakos.
Y sucedió lo que tanto temían en el Bernabéu:
precisamente Kafes igualó el partido con un disparo
lejano que no pudo contener Casillas en el minuto
51. Empezaba la agonía blanca, porque al Real
Madrid el gol le sentó como una patada y comenzó
a jugar muy mal.
Además los helenos no se metieron atrás
en ningún momento, pues se dieron cuenta de
que el gigante estaba cansado y en medio de un tremendo
bajón físico y moral. Nikopolidis ni siquiera
tuvo que hacer mucho, pues las dos acciones de mayor
peligro del Madrid fueron de Baptista, quien igual
que Beckham nunca dejó de intentarlo: un cabezazo
que salió fuera y un tiro en el palo.
A cuatro minutos del final apareció un Soldado
providencial que aprovechó el enésimo
centro de Beckham para poner arriba al Madrid
con un doble remate de cabeza con el que no pudo
el arquero griego.
El próximo encuentro será vital para
los merengues, quienes deben visitar al Rosenborg,
club noruego con el que comparten el segundo
lugar del grupo. ¿Veremos entonces al Madrid
del primer tiempo o al del segundo? En dos semanas
se sabrá.