JOSEPH POLISZUK
EL UNIVERSAL
Cinco hombres hurgaban ayer entre las ruinas para conseguir
cabillas, aluminio y cobre. "Da tristeza", reconocía
Antonio Andrade, pero el vecino del barrio Pomarrosa también
sonreía. Aseguraba que las cabillas que estaba desprendiendo
de lo que fue el viaducto 1 de la autopista Caracas-La Guaira
le permitirán construir la base del piso que quiere cimentar
en su casa.
Una nube de polvo anunció el desplome del viaducto
a las 11:00 de la mañana del domingo y tres horas después,
Andrade se dijo "voy a ver qué encuentro". Desde entonces,
a falta de trabajo, señala que está dispuesto
a pasar varias jornadas hurgando entre los restos, piedras
de concreto, pedazos de calzada y cercas de aluminio.
"Mi profesión es electricista, pero como tengo tres
años sin trabajar, me rebusco vendiendo café
y arepas", comentaba mientras seguía cortando las
cabillas. "Todos los días pasaba debajo del viaducto
para ir a vender a la autopista, pero en las últimas
semanas le decía a mi esposa que cada vez se veía
más flojo".
El vecino del barrio Pomarrosa ahora tiene otras preocupaciones.
Teme que durante la temporada de lluvias se inunde la
zona porque cree que los escombros que cayeron sobre
la quebrada la obstruirán, como ocurrió en
los deslaves de 1999 y el año pasado. De cualquier
forma, señala que por lo pronto continuará
reciclando materiales del viaducto.
"Con esta facilidad no podemos dejar nada aquí".
Lo decía en plural porque a pesar de que no conocía
a los otros cuatro que buscaban, no era el único
que escarbaba al mediodía de ayer para encontrar
desechos reciclables.
Con 17 años, Jesús Enrique Puche, por
ejemplo, desarmaba la reja de metal que a finales
del año pasado habían instalado los técnicos
que reparaban el arco del puente. "Estoy quitando
la cerca para hacer un gallinero en mi casa", dijo
el vecino del sector El Caujaro de Tacagua Vieja
mientras otras dos personas quemaban lo que fueron
los cables de cobre que fortificaban al arco de
la obra.
El vecino del barrio Nueva Esparta, Wilmer Joel
Payares, luego advirtió que no era la primera
vez que fundía cables de cobre para vender
sus derivados. "Puede ser impresionante, pero
el domingo era más, porque muchas personas
bajaron del barrio para buscar metales", agregaba
Andrade.