MAYE ALBORNOZ
EL UNIVERSAL
Cuando a San Juan Bosco le preguntaban por qué trabajaba tanto, elevaba su mirada, señalaba y decía: "Para ganarme un pedacito de cielo".
El mismo sentimiento invade a los más de 4 mil socios en 23 países de América, Europa y Asia que, junto a su fundador, el sacerdote salesiano Miguel González, ejercen el voluntariado para la atención de los más necesitados.
Los integrantes de la Asociación Damas Salesianas (ADS) aseguran que el sentimiento que los mueve es el llamado Divino de ayuda al prójimo y lo manifiestan en más de 128 centros especializados en materia de salud (dispensarios, consultas médicas por especialidades, laboratorio) y educación (guarderías, maternal, preescolar, educación formal).
"Trabajaba en una obra social para unos 1.300 muchachos de escasos recursos en el barrio de Guanabacoa, Cuba. Fidel me encarceló y desterró. Llegué a Venezuela y pensé que aquí había que hacer algo con el excelente capital humano que poseía el país", contó el padre González.
El fundador salesiano considera la asociación, de 1968, como pionera de la Responsabilidad Social Empresarial: "Hoy es un boom, una moda. Hace 40 años nosotros pensamos que lo más bello era darse a los demás. Dios llama a esas personas para que realicen un trabajo de evangelización para ayudar a los más queridos por él, que son los pobres. Nos organizamos con técnicas de alta gerencia y funcionamos como una gran empresa que se mueve con capital espiritual. Somos producto de exportación".
En Venezuela, 1.200 laicas están involucradas en las actividades de la ADS, muchas llevan más de 20 años de servicio, aunque quisieran doblar su número: "Más manos, más ayuda", dice el padre González.