MARÍA ISOLIETT IGLESIAS
EL UNIVERSAL
La voz de alto fue clara. El funcionario le ordenaba a los tres muchachos que jugueteaban sobre la azotea de su apartamento que se detuvieran. Pensaba que eran ladrones.
Pero los chicos, uno de ellos su vecino, se asustaron y comenzaron a correr para bajar por donde habían subido. Como la orden no fue acatada, el subcomisario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas abrió fuego contra los tres jovencitos. Uno de los tres, su vecino, cayó malherido con una bala que lo alcanzó directo a la frente, dijo una fuente policial.
El chico cayó sobre la azotea del edificio D del conjunto residencial Mirávila, ubicado en la calle Buena Vista de la urbanización Miranda, ya malherido. Eran las 7:34 pm del domingo.
Cuando su familia se dio cuenta, lo tomó y de inmediato lo trasladó hasta una clínica privada, pero allí nada pudieron hacer, murió al poco rato de haber ingresado.
El niño era el menor de tres hermanos. Había subido, con sus dos amigos, a la azotea que comunica a los cuatro edificios que dan forma al conjunto residencial, a jugar, nada más, dijo un policía que requirió el anonimato.
El subcomisario Raúl Linares, autor del hecho, vive en edificio B de Mirávila desde hace dos años. Estaba a las órdenes de Recursos Humanos del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, esperaba a que lo destacaran a una nueva dependencia. Había trabajado en la subdelegación de Vargas y de Los Teques.
El niño vivía en el edificio A con sus hermanos y su padres. El domingo celebraban el Día de las Madres.
El subcomisario, luego de que ocurriera el hecho, se entregó. Desde el domingo en la noche permanece a las órdenes de la División contra Homicidios del Cicpc. Ayer en la tarde, al hombre lo presentarían ante los tribunales competentes. Según explicó una fuente ligada a las averiguaciones, el funcionario alegaba, supuestamente, legítima defensa.
La conmoción, dijo una mujer que se encarga de la limpieza en uno de los edificios del conjunto residencial, fue mucha el domingo, luego de escuchar el tiroteo. La confusión que reinó daba cuenta de cantidad de versiones. La presencia de la Polisucre, quienes fueron los primeros en llegar, y luego la del Cicpc mantuvo el vilo a más de uno, pues no entendían qué había ocurrido contra un pequeño vecino de 11 años y que involucraba a un efectivo del Cicpc. La muerte del niño, nieto de René Burós Arismendi, fue de las 52 que ocurrieron en Caracas desde la mañana del viernes hasta el lunes a las 8:00 am. Así trascendió en los predios de la medicatura forense.
Hasta el cierre de esta edición no se sabía cuál había sido el veredicto del juez con relación al subcomisario. Lo que sí se conoció fue que el arma implicada estaba en balística.