JAVIER BRASSESCO
EL UNIVERSAL
La demolición de las invasiones en la Cota 905, llevada
a cabo por militares del Batallón Ayala (Ejército)
y de la Guardia Nacional, continuó durante el día
de ayer.
Los uniformados, que aseguran estar cumpliendo una orden
presidencial, echaron abajo una vivienda de bloques que funcionaba
como casa sede del Consejo Comunal Revolución y Patria
y dos casas de madera, con lo que ya llegan a treinta los
ranchos derribados.
Los invasores, un grupo de los cuales estuvo reunido durante
todo el día con la Defensoría del Pueblo, se quejan
de que nadie les mostró ni siquiera un papel que autorizara
las demoliciones, además de que las mismas se hicieron
sin que estuviera presente un fiscal ni un representante del
Consejo Nacional de Derechos del Niño. Denunciaron también
un excesivo uso de la fuerza durante el operativo.
Y no entendían cómo ahora el Gobierno va a demoler
lo que antes propició. "Nos dieron más de 100 millones
para hacer la casa comunal y otros 24 para una red de aguas
blancas y negras. A las mujeres se les dijo que conformaran
un batallón y así lo hicieron", dijo Giovanni Blanco.
Por su parte, Elizabeth Rojas denunció que los militares
los han amenazado en secreto con derribarles sus casas si
hacen mucho alboroto y si traen a la prensa o la televisión.
Y que el día jueves a las seis de la tarde, justo después
de que se fueran los medios, uno de ellos hizo un tiro al
aire para frustrar un intento de sobrepasar un piquete de
la Guardia Nacional.
Por último, aseguraron que están molestos también
porque la Cota 905 ya tiene dos días trancada con alcabalas
militares, lo que les ha impedido llevar a sus hijos a la
escuela.
Vecinos apoyan acción
Quienes habitan los edificios que están al frente de
la invasión, por su lado, esperan que se desaloje todo
el sector, pues llevan ya casi dos años padeciendo los
efectos de una invasión que cada vez crece más.
Una vecina del edificio Terrazas del Paraíso explica
que ya existe una orden de desalojo emitida por el Juzgado
34 Ambiental en junio de 2006 (pues el área deforestada
pertenece al parque recreacional Vicente Emilio Sojo), cuando
la invasión apenas comenzaba, pero la misma jamás
se cumplió: "Tenía que hablar el propio Presidente
para que por fin hicieran algo".
Explicó que los vecinos ya habían agotado todas
las instancias: trancaron la vía cuando comenzaron las
deforestaciones hace exactamente dos años, y acudieron
a Control Urbano, al Ministerio Público y a cuanta institución
tuviera competencia en la materia. Pero todo había sido
en vano.
Denuncian que las autoridades no sólo ignoraron la orden
emitida de un juzgado, sino que algunas incluso alentaban
la situación, y así vieron con impotencia cómo
la Alcaldía Mayor les enviaba materiales, camiones mediante,
para que construyeran más ranchos.
El deterioro de su calidad de vida ha sido total, y así
las torrenteras de aguas de lluvia pasaron a convertirse en
ríos constantes de aguas negras. Tenían que aguantar
además música a todo volumen hasta altas horas de
la noche y sus apartamentos ya no tenían vista hacia
la montaña sino hacia un rancherío.
Esperan que todo este operativo que se está llevando
a cabo no sea un circo y se lleve adelante de manera completa.
Y que se cumpla también aquello que dijo el Presidente:
"El interés de un grupo no puede estar por encima del
interés de la mayoría".