LAURA DÁVILA TRUELO
EL UNIVERSAL
Tirada en el piso de su camioneta, una de las líderes comunales de Los Dos Caminos sentía la pistola en su cabeza. El sujeto que la apuntaba se la había llevado de la urbanización Monte Cristo junto a otra líder vecinal. Media hora después del rapto, los sujetos las dejaron en la autopista Valle-Coche llevándose el vehículo.
El robo ocurrió una hora antes de que el diputado del Consejo Legislativo de Miranda, Alberto Corrado Crisaffi Cugno, de 50 años, fuera asesinado en la parte alta de la avenida El Rosario, cuando regresaba con su esposa a la casa de sus suegros.
Pero el martes 6, una semana antes del asesinato de Crisaffi, los residentes de El Rosario presenciaron otra muerte por un robo. Álvaro Abraham González llegó al edificio La Estancia a buscar a su hija. Mientras esperaba, unos sujetos lo sorprendieron y, pistola en mano, le exigieron que entregara las llaves del carro.
Él estaba con su esposa y optó por tirarlas por encima de la reja del edificio, lo que le costó la vida, pues los asaltantes le dispararon tres veces y huyeron. A pesar de que la hermana de González lo llevó a la clínica El Ávila, murió. La policía llegó dos horas después.
Al día siguiente de cada una de las dos muertes, un joven vecino y una visitante fueron raptados para robarles el carro.
Y es que en Los Chorros no hay quien se sienta seguro. Los residentes dicen que en la avenida Principal hasta las personas de servicio son asaltadas.
Gisela Brignoni, presidenta del Consejo Comunal de Los Chorros, junto a Bicky Barela, de la Asociación de Vecinos de La Estancia y Raúl Hurtado, en representación de El Rosario, dicen que desde hace un año la inseguridad se ha incrementado, pero en los últimos dos meses, secuestros, robos, asaltos y muertes ocurren casi a diario.
Los representantes reportan al menos cuatro delitos por día y dicen que en ocasiones los motorizados pasan disparando. Creen que el aumento de estos vehículos, que evitan las colas, contribuye a la inseguridad. Además, avenidas como El Rosario son vía expresa para huir por la Cota Mil. Pero Los Chorros tiene 12 salidas más.
También hay lugares en los que se venden drogas y la avenida Principal de martes a domingo está tomada por grupos que se reúnen a tomar en la vía.
Otro factor es la indigencia. A pesar de que allí está la sede de Negra Hipólita, los menesterosos prefieren vivir en las quebradas de Tócome y Camurí, y, según los residentes, se meten a las casas a robar.
Las calles oscuras o poco iluminadas, que desde hace 40 años tienen bombillos amarillos, favorecen los delitos. Incluso ocurren secuestros en calles como La Corao. Para los vecinos lo grave es la falta de vigilancia, pues hace años Polisucre y Polimiranda patrullaban y tenían policías de punto.
Decididos a enfrentar la inseguridad los vecinos de El Rosario se reunieron el jueves con la concejal Nereida Ruiz y representantes de la Metropolitana, Polisucre y Polimiranda.
La PM ofreció una pareja de motorizados para patrullar de noche, Polisucre una unidad móvil y Polimiranda un punto de control en la salida a Cota Mil.
Mientras los vecinos esperan por presencia policial, el horror de las últimas muertes y los delincuentes, rondan la zona.